Questões de Concurso
Sobre vocabulário | vocabulario em espanhol
Foram encontradas 748 questões
TEXTO BASE
Me llamo Lucía Fernández y vivo en un barrio bastante animado de Sevilla, al lado del centro histórico. Mi familia es pequeña, pero muy unida. Mis padres trabajan en el comercio y mi hermana menor estudia en la universidad. Yo soy administrativa en una empresa de servicios y, aunque mi trabajo es exigente, me gusta porque aprendo cosas nuevas cada día.
De lunes a viernes mi rutina es bastante parecida. Primero me levanto temprano y preparo el desayuno. Después, salgo de casa y voy al trabajo en metro. Normalmente llevo el móvil, las llaves y una carpeta con documentos importantes. A veces también traigo comida de casa, porque no siempre tengo tiempo para salir a almorzar.
En la oficina hay bastante trabajo y poco silencio. Mis compañeros son responsables, aunque algunos son un poco impacientes. Yo intento ser organizada y tranquila. Me gusta trabajar en equipo, pero tampoco me molesta trabajar sola cuando es necesario. Por la mañana suelo responder correos y poner en orden los archivos.
Por la tarde continúo con otras tareas. A veces los reviso antes de enviarlos y las organizo por prioridad. Si tengo dudas, sé pedir ayuda a mis compañeros. No siempre puedo resolver todo sola, pero aprendo mucho observando a los demás.
Cuando termino la jornada laboral, vuelvo a casa. Si estoy cansada, descanso un poco. Si no, preparo la cena. No cocino platos complicados, pero sé hacer recetas sencillas: pasta, verduras al vapor o arroz con pollo. Uso una olla, una sartén y un poco de aceite. A mí me gusta la comida casera y a mi familia también.
Los fines de semana mi rutina cambia. El sábado por la mañana voy al mercado del barrio, que está cerca de mi casa. Allí compro frutas, pan y algún pescado. Por la tarde suelo quedar con amigos o escuchar música en casa. Me gusta mucho el jazz, aunque mis amigos prefieren el pop.
El domingo es un día más tranquilo. Normalmente me reúno con mi familia o salgo a pasear por la ciudad. Sevilla es una ciudad alegre, con barrios muy diferentes entre sí. Algunos son modernos y otros más tradicionales, pero todos tienen su encanto. Para mí, vivir aquí es una experiencia muy positiva.
TEXTO BASE
Me llamo Lucía Fernández y vivo en un barrio bastante animado de Sevilla, al lado del centro histórico. Mi familia es pequeña, pero muy unida. Mis padres trabajan en el comercio y mi hermana menor estudia en la universidad. Yo soy administrativa en una empresa de servicios y, aunque mi trabajo es exigente, me gusta porque aprendo cosas nuevas cada día.
De lunes a viernes mi rutina es bastante parecida. Primero me levanto temprano y preparo el desayuno. Después, salgo de casa y voy al trabajo en metro. Normalmente llevo el móvil, las llaves y una carpeta con documentos importantes. A veces también traigo comida de casa, porque no siempre tengo tiempo para salir a almorzar.
En la oficina hay bastante trabajo y poco silencio. Mis compañeros son responsables, aunque algunos son un poco impacientes. Yo intento ser organizada y tranquila. Me gusta trabajar en equipo, pero tampoco me molesta trabajar sola cuando es necesario. Por la mañana suelo responder correos y poner en orden los archivos.
Por la tarde continúo con otras tareas. A veces los reviso antes de enviarlos y las organizo por prioridad. Si tengo dudas, sé pedir ayuda a mis compañeros. No siempre puedo resolver todo sola, pero aprendo mucho observando a los demás.
Cuando termino la jornada laboral, vuelvo a casa. Si estoy cansada, descanso un poco. Si no, preparo la cena. No cocino platos complicados, pero sé hacer recetas sencillas: pasta, verduras al vapor o arroz con pollo. Uso una olla, una sartén y un poco de aceite. A mí me gusta la comida casera y a mi familia también.
Los fines de semana mi rutina cambia. El sábado por la mañana voy al mercado del barrio, que está cerca de mi casa. Allí compro frutas, pan y algún pescado. Por la tarde suelo quedar con amigos o escuchar música en casa. Me gusta mucho el jazz, aunque mis amigos prefieren el pop.
El domingo es un día más tranquilo. Normalmente me reúno con mi familia o salgo a pasear por la ciudad. Sevilla es una ciudad alegre, con barrios muy diferentes entre sí. Algunos son modernos y otros más tradicionales, pero todos tienen su encanto. Para mí, vivir aquí es una experiencia muy positiva.
¿Cuál es la forma correcta?
Tengo ___ años.
Elige la opción correcta:
En invierno llevo ___ porque hace frío.
Texto para la cuestione.
Las maestras que protegen la lengua kichwa en Ecuador
Después de enseñar en Estados Unidos, tres profesoras indígenas promueven la difusión del idioma de vuelta a su país, desafiando la pérdida de identidad.
La parroquia de Rosario, en Salasaca, está en una zona elevada; desde allí se pueden ver varias parroquias del cantón de Pelileo y hasta la ciudad de Ambato. Luz Caizabanda, de 15 años, intenta señalar su casa desde el mirador. Sus clases de kichwa han finalizado; mientras sostiene un cuaderno pequeño con una mano, intenta señalar su casa, a donde tiene que regresar. A pesar de que sus padres son indígenas, no le enseñaron su idioma. “No querían que mezcle español con kichwa; decían que, si hablo español, que sea solo en español. Ahora que he crecido, quiero dominar mejor el kichwa”, confiesa. La escuela Sky Inka Shimi es la primera en dar clases de esa lengua originaria en Salasaca.
No pasó mucho tiempo desde que Micaela Jerez volvió a pisar suelo ecuatoriano desde Estados Unidos para que la iniciativa de enseñar su idioma a través de Sky Inka Shimi en su comunidad se hiciera realidad. Ella no fue la única. Elsa Caín, de 33 años, y Dayanna Velasquez, de 26, también comenzaron a trabajar en la difusión del kichwa, el idioma amerindio más hablado en el Ecuador, que se encuentra en estado vulnerable. Las tres profesoras indígenas volvían de enseñar su cultura e idioma en universidades estadounidenses durante un año como parte de un intercambio cultural del programa Fulbright. Hoy, esas enseñanzas permiten devolver la mirada de la población andina hacia las culturas originarias de su país.
La intención de Sky Inka Shimi es que sus alumnos ya no vean al kichwa como un idioma del pasado, sino que lo vuelvan a reclamar como suyo y como parte esencial de su identidad. Sin embargo, desde que iniciaron en junio de 2024, la constante pregunta de para qué enseñarlo les hizo cambiar la dinámica. “Hemos dejado de intentar convencer a la gente de su importancia. Nuestro rol es acompañar a quienes sí están interesados, apoyar su aprendizaje y compartir todos los recursos que podamos”, comenta Micaela, quien, junto a Diana Cisneros, indígena maya k’iche’ y lingüista, creó la escuela.
Para la doctora Kati Álvarez, catedrática de la Universidad Central del Ecuador, la vigencia actual de las lenguas andino-amazónicas representa una “lucha constante” para evitar su desaparición ante las agresiones de un sistema que ha penalizado e ignorado las lenguas nativas y a sus hablantes. “Con la desaparición de las lenguas, se merma la identidad, la memoria colectiva, pero también existe un peligro que pasa desapercibido para muchos: una pérdida de conocimiento que ha sido y será clave para el futuro del país y de la región”, afirma Álvarez en un artículo de la Unesco.
Tomado y adaptado de: https://elpais.com/america-futura/2026-01-03/las-maestras-que-protegen-la-lengua-kichwa-en-ecuador.html Accedido en: 03/01/2026
Texto para la cuestione.
Las maestras que protegen la lengua kichwa en Ecuador
Después de enseñar en Estados Unidos, tres profesoras indígenas promueven la difusión del idioma de vuelta a su país, desafiando la pérdida de identidad.
La parroquia de Rosario, en Salasaca, está en una zona elevada; desde allí se pueden ver varias parroquias del cantón de Pelileo y hasta la ciudad de Ambato. Luz Caizabanda, de 15 años, intenta señalar su casa desde el mirador. Sus clases de kichwa han finalizado; mientras sostiene un cuaderno pequeño con una mano, intenta señalar su casa, a donde tiene que regresar. A pesar de que sus padres son indígenas, no le enseñaron su idioma. “No querían que mezcle español con kichwa; decían que, si hablo español, que sea solo en español. Ahora que he crecido, quiero dominar mejor el kichwa”, confiesa. La escuela Sky Inka Shimi es la primera en dar clases de esa lengua originaria en Salasaca.
No pasó mucho tiempo desde que Micaela Jerez volvió a pisar suelo ecuatoriano desde Estados Unidos para que la iniciativa de enseñar su idioma a través de Sky Inka Shimi en su comunidad se hiciera realidad. Ella no fue la única. Elsa Caín, de 33 años, y Dayanna Velasquez, de 26, también comenzaron a trabajar en la difusión del kichwa, el idioma amerindio más hablado en el Ecuador, que se encuentra en estado vulnerable. Las tres profesoras indígenas volvían de enseñar su cultura e idioma en universidades estadounidenses durante un año como parte de un intercambio cultural del programa Fulbright. Hoy, esas enseñanzas permiten devolver la mirada de la población andina hacia las culturas originarias de su país.
La intención de Sky Inka Shimi es que sus alumnos ya no vean al kichwa como un idioma del pasado, sino que lo vuelvan a reclamar como suyo y como parte esencial de su identidad. Sin embargo, desde que iniciaron en junio de 2024, la constante pregunta de para qué enseñarlo les hizo cambiar la dinámica. “Hemos dejado de intentar convencer a la gente de su importancia. Nuestro rol es acompañar a quienes sí están interesados, apoyar su aprendizaje y compartir todos los recursos que podamos”, comenta Micaela, quien, junto a Diana Cisneros, indígena maya k’iche’ y lingüista, creó la escuela.
Para la doctora Kati Álvarez, catedrática de la Universidad Central del Ecuador, la vigencia actual de las lenguas andino-amazónicas representa una “lucha constante” para evitar su desaparición ante las agresiones de un sistema que ha penalizado e ignorado las lenguas nativas y a sus hablantes. “Con la desaparición de las lenguas, se merma la identidad, la memoria colectiva, pero también existe un peligro que pasa desapercibido para muchos: una pérdida de conocimiento que ha sido y será clave para el futuro del país y de la región”, afirma Álvarez en un artículo de la Unesco.
Tomado y adaptado de: https://elpais.com/america-futura/2026-01-03/las-maestras-que-protegen-la-lengua-kichwa-en-ecuador.html Accedido en: 03/01/2026
Lea con atención el microrrelato de abajo y en seguida conteste las preguntas.
Dentro de 20 años
de Mario Halley Mora
El muchachito de aspecto saludable y vigoroso montaba una bruñida bicicleta. Pasó pedaleando raudamente junto a un lustrabotas descalzo y flaco que inopinadamente arrojó un palo entre los rayos de las ruedas que produjeron un ominoso ruido de metales rotos. El ciclista se detuvo y con enojo se dispuso a castigar al malhechor. El lustrabotas esgrimió amenazante su cajón, como porra y escudo al mismo tiempo. Un señor que pasaba los separó. La pelea no empezó, pero tampoco terminó. Simplemente estaba postergada.
Halley Mora, Mario. In: Cuentos, microcuentos y anticuentos. Asunción (Paraguay): Editorial El Lector, 1987.
Con relación a la traducción al portugués de la expresión, subrayada en la frase de abajo, señale la alternativa correcta:
“El lustrabotas esgrimió amenazante su cajón, como porra y escudo al mismo tiempo”
Lea con atención el microrrelato de abajo y en seguida conteste las preguntas.
Dentro de 20 años
de Mario Halley Mora
El muchachito de aspecto saludable y vigoroso montaba una bruñida bicicleta. Pasó pedaleando raudamente junto a un lustrabotas descalzo y flaco que inopinadamente arrojó un palo entre los rayos de las ruedas que produjeron un ominoso ruido de metales rotos. El ciclista se detuvo y con enojo se dispuso a castigar al malhechor. El lustrabotas esgrimió amenazante su cajón, como porra y escudo al mismo tiempo. Un señor que pasaba los separó. La pelea no empezó, pero tampoco terminó. Simplemente estaba postergada.
Halley Mora, Mario. In: Cuentos, microcuentos y anticuentos. Asunción (Paraguay): Editorial El Lector, 1987.
“El muchachito de aspecto saludable y vigoroso montaba una bruñida bicicleta”.