Questões de Concurso Para professor - língua espanhola

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Q3427703 Espanhol
Para ejemplificar adecuadamente el fenómeno conocido como “dequeísmo” se puede recurrir al enunciado
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Q3427702 Espanhol
Lea el siguiente diálogo para responder la cuestione.


A: ¿Y qué te parecieron las decoraciones de la sala?
B: Las encontré bastante vistosas.
El segmento “bastante vistosas” mencionado por “B” se desempeña como
Alternativas
Q3427701 Espanhol
Lea el siguiente diálogo para responder la cuestione.


A: ¿Y qué te parecieron las decoraciones de la sala?
B: Las encontré bastante vistosas.
El elemento oracional “las decoraciones de la sala” en el parlamento de “A” corresponde a 
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Q3427700 Espanhol
Según las explicaciones de Gómez Torrego (2005, p. 189) los enunciados (1) “Se está durmiendo” y (2) “Está durmiendo” se diferencian en que
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Q3427699 Espanhol
El enunciado en que un verbo unipersonal, también llamado impersonal, se utiliza en sentido figurado es 
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Q3427698 Espanhol
El enunciado en que el verbo “quedar” se usa para expresar un cambio de estado es
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Q3427697 Espanhol
Considerando que los “sufijos potestativos” aportan un matiz afectivo a la raíz a la que se adjuntan, el enunciado que contiene una palabra que presenta esta modalidad morfológica es
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Q3427696 Espanhol
En enunciados del tipo “Me inclino por comprar el mueble ese”, el componente “ese” se desempeña como un
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Q3427695 Espanhol
Lea el siguiente encabezado de un artículo para responder la cuestione.

Estilo maximalista: cómo practicar esta tendencia sin caer en el horror vacui

        ¿Lo de los espacios vacíos y de aire monacal no va contigo? Entonces lo tuyo es el estilo maximalista en decoración. Pero, cuidado, hay que saber practicarlo para no crear caos visual. Te contamos cómo.
(https://www.arquitecturaydiseno.es)
La palabra “cómo” del encabezado va tildada porque 
Alternativas
Q3427694 Espanhol
Lea el siguiente encabezado de un artículo para responder la cuestione.

Estilo maximalista: cómo practicar esta tendencia sin caer en el horror vacui

        ¿Lo de los espacios vacíos y de aire monacal no va contigo? Entonces lo tuyo es el estilo maximalista en decoración. Pero, cuidado, hay que saber practicarlo para no crear caos visual. Te contamos cómo.
(https://www.arquitecturaydiseno.es)
Con respecto al uso de la palabra “tuyo” en el texto, se puede decir que
Alternativas
Q3427693 Espanhol
El enunciado que contiene en su estructura una oración de tipo causal es
Alternativas
Q3427692 Espanhol
El enunciado que ha sido escrito con completa corrección ortográfica es
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Q3427691 Espanhol
Lea el siguiente correo entre un cliente y una empresa para responder la cuestione.

        Cliente: “¿Cuentan con algún buzón de quejas o línea de atención en caso de querer emitir una sugerencia o reclamación?”

        Representante: “Claro que sí. La opinión de nuestros clientes es lo más importante, por ello contamos con una línea de atención específica para recibir sugerencias, quejas o reclamos. En caso de que desee que su mensaje sea anónimo, también hay buzones tanto físicos como digitales. Con gusto le comparto vía correo electrónico todos los canales abiertos para los clientes.”

(https://blog.hubspot.es/service/gestionar-quejas-reclamaciones)
En la respuesta del representante, el pronombre “ello” utilizado en “por ello” se refiere a la
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Q3427690 Espanhol
Lea el siguiente correo entre un cliente y una empresa para responder la cuestione.

        Cliente: “¿Cuentan con algún buzón de quejas o línea de atención en caso de querer emitir una sugerencia o reclamación?”

        Representante: “Claro que sí. La opinión de nuestros clientes es lo más importante, por ello contamos con una línea de atención específica para recibir sugerencias, quejas o reclamos. En caso de que desee que su mensaje sea anónimo, también hay buzones tanto físicos como digitales. Con gusto le comparto vía correo electrónico todos los canales abiertos para los clientes.”

(https://blog.hubspot.es/service/gestionar-quejas-reclamaciones)
Cuando el cliente dice “en caso de querer emitir una sugerencia o reclamación” el elemento “en caso de querer” podría ser reescrito correctamente, sin cambio de sentido, como 
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Q3427689 Espanhol
Lea el siguiente texto para responder la cuestione.

        Procrastinar es el hábito de posponer las actividades importantes para dedicar el tiempo a tareas más entretenidas, pero menos relevantes. Hasta no hace muchos años, procrastinación era una palabra que no conocía casi nadie fuera del ámbito de la psicología y otras disciplinas dedicadas a estudiar el comportamiento humano. En los últimos años, sin embargo, se ha difundido a gran velocidad. Tal vez porque la vida moderna, tan cargada de distracciones y estímulos nuevos, nos hace cada vez más procrastinadores.

         Es necesario tener en cuenta que, según diversos estudios, el 20% de los adultos se autoperciben como procrastinadores crónicos, porcentaje que aumenta hasta el 50% en la población estudiantil. A tal punto que muchos trabajos aluden al llamado “síndrome del estudiante”: la tendencia a comenzar las tareas lo más tarde posible, tras desperdiciar mucho tiempo en el comienzo del plazo asignado, y llegar a la fecha límite sometido a elevados niveles de estrés.

        Si bien no es un trastorno, los niveles elevados de procrastinación se asocian con problemas más importantes, como un aumento en el estrés y la ansiedad, bajo rendimiento escolar y laboral y el empeoramiento de algunas enfermedades. Así lo explica, por ejemplo, un artículo publicado en 2013 por investigadores canadienses. De acuerdo con los autores de este trabajo, además, las causas no hay que buscarlas tanto en la pereza o en la mala gestión del tiempo. Al contrario, su origen radica en problemas para la regulación de las emociones. “La procrastinación tiene mucho que ver con la reparación del estado de ánimo en el corto plazo”, explica el texto. Por ello, se trata de un proceso irracional, dado que la prioridad de sentirse bien en el momento presente se impone por sobre las consecuencias negativas que – la propia persona lo sabe – deberá asumir su yo futuro.

        Científicos alemanes, en 2018, descubrieron que el origen de la procrastinación podría hallarse en unas conexiones cerebrales débiles. Tras escanear los cerebros de 264 personas a las que también encuestaron acerca de sus hábitos dilatorios, llegaron a la conclusión de que los procrastinadores tienen más grande la amígdala, una estructura cerebral que procesa las emociones y controla la motivación. Según este trabajo, estas personas tienen mayores dificultades para eludir las emociones y distracciones, y debido a eso posponen su actividad. Todo lo cual viene a corroborar la idea de que no se trata de desgana ni de desorden en el manejo del tiempo: la clave de la procrastinación se halla en el control de las emociones.

(https://www.eldiario.es)
La secuencia que contiene un ejemplo de heterogenérico (español-portugués) es
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Q3427688 Espanhol
Lea el siguiente texto para responder la cuestione.

        Procrastinar es el hábito de posponer las actividades importantes para dedicar el tiempo a tareas más entretenidas, pero menos relevantes. Hasta no hace muchos años, procrastinación era una palabra que no conocía casi nadie fuera del ámbito de la psicología y otras disciplinas dedicadas a estudiar el comportamiento humano. En los últimos años, sin embargo, se ha difundido a gran velocidad. Tal vez porque la vida moderna, tan cargada de distracciones y estímulos nuevos, nos hace cada vez más procrastinadores.

         Es necesario tener en cuenta que, según diversos estudios, el 20% de los adultos se autoperciben como procrastinadores crónicos, porcentaje que aumenta hasta el 50% en la población estudiantil. A tal punto que muchos trabajos aluden al llamado “síndrome del estudiante”: la tendencia a comenzar las tareas lo más tarde posible, tras desperdiciar mucho tiempo en el comienzo del plazo asignado, y llegar a la fecha límite sometido a elevados niveles de estrés.

        Si bien no es un trastorno, los niveles elevados de procrastinación se asocian con problemas más importantes, como un aumento en el estrés y la ansiedad, bajo rendimiento escolar y laboral y el empeoramiento de algunas enfermedades. Así lo explica, por ejemplo, un artículo publicado en 2013 por investigadores canadienses. De acuerdo con los autores de este trabajo, además, las causas no hay que buscarlas tanto en la pereza o en la mala gestión del tiempo. Al contrario, su origen radica en problemas para la regulación de las emociones. “La procrastinación tiene mucho que ver con la reparación del estado de ánimo en el corto plazo”, explica el texto. Por ello, se trata de un proceso irracional, dado que la prioridad de sentirse bien en el momento presente se impone por sobre las consecuencias negativas que – la propia persona lo sabe – deberá asumir su yo futuro.

        Científicos alemanes, en 2018, descubrieron que el origen de la procrastinación podría hallarse en unas conexiones cerebrales débiles. Tras escanear los cerebros de 264 personas a las que también encuestaron acerca de sus hábitos dilatorios, llegaron a la conclusión de que los procrastinadores tienen más grande la amígdala, una estructura cerebral que procesa las emociones y controla la motivación. Según este trabajo, estas personas tienen mayores dificultades para eludir las emociones y distracciones, y debido a eso posponen su actividad. Todo lo cual viene a corroborar la idea de que no se trata de desgana ni de desorden en el manejo del tiempo: la clave de la procrastinación se halla en el control de las emociones.

(https://www.eldiario.es)
Cuando se menciona que la procrastinación “no se trata de desgana” (párrafo 4), se quiere decir que se debe evitar entenderla como un acto de
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Q3427687 Espanhol
Lea el siguiente texto para responder la cuestione.

        Procrastinar es el hábito de posponer las actividades importantes para dedicar el tiempo a tareas más entretenidas, pero menos relevantes. Hasta no hace muchos años, procrastinación era una palabra que no conocía casi nadie fuera del ámbito de la psicología y otras disciplinas dedicadas a estudiar el comportamiento humano. En los últimos años, sin embargo, se ha difundido a gran velocidad. Tal vez porque la vida moderna, tan cargada de distracciones y estímulos nuevos, nos hace cada vez más procrastinadores.

         Es necesario tener en cuenta que, según diversos estudios, el 20% de los adultos se autoperciben como procrastinadores crónicos, porcentaje que aumenta hasta el 50% en la población estudiantil. A tal punto que muchos trabajos aluden al llamado “síndrome del estudiante”: la tendencia a comenzar las tareas lo más tarde posible, tras desperdiciar mucho tiempo en el comienzo del plazo asignado, y llegar a la fecha límite sometido a elevados niveles de estrés.

        Si bien no es un trastorno, los niveles elevados de procrastinación se asocian con problemas más importantes, como un aumento en el estrés y la ansiedad, bajo rendimiento escolar y laboral y el empeoramiento de algunas enfermedades. Así lo explica, por ejemplo, un artículo publicado en 2013 por investigadores canadienses. De acuerdo con los autores de este trabajo, además, las causas no hay que buscarlas tanto en la pereza o en la mala gestión del tiempo. Al contrario, su origen radica en problemas para la regulación de las emociones. “La procrastinación tiene mucho que ver con la reparación del estado de ánimo en el corto plazo”, explica el texto. Por ello, se trata de un proceso irracional, dado que la prioridad de sentirse bien en el momento presente se impone por sobre las consecuencias negativas que – la propia persona lo sabe – deberá asumir su yo futuro.

        Científicos alemanes, en 2018, descubrieron que el origen de la procrastinación podría hallarse en unas conexiones cerebrales débiles. Tras escanear los cerebros de 264 personas a las que también encuestaron acerca de sus hábitos dilatorios, llegaron a la conclusión de que los procrastinadores tienen más grande la amígdala, una estructura cerebral que procesa las emociones y controla la motivación. Según este trabajo, estas personas tienen mayores dificultades para eludir las emociones y distracciones, y debido a eso posponen su actividad. Todo lo cual viene a corroborar la idea de que no se trata de desgana ni de desorden en el manejo del tiempo: la clave de la procrastinación se halla en el control de las emociones.

(https://www.eldiario.es)
La secuencia que contiene dos palabras que se distinguen del portugués por la posición de su sílaba tónica es 
Alternativas
Q3427686 Espanhol
Lea el siguiente texto para responder la cuestione.

        Procrastinar es el hábito de posponer las actividades importantes para dedicar el tiempo a tareas más entretenidas, pero menos relevantes. Hasta no hace muchos años, procrastinación era una palabra que no conocía casi nadie fuera del ámbito de la psicología y otras disciplinas dedicadas a estudiar el comportamiento humano. En los últimos años, sin embargo, se ha difundido a gran velocidad. Tal vez porque la vida moderna, tan cargada de distracciones y estímulos nuevos, nos hace cada vez más procrastinadores.

         Es necesario tener en cuenta que, según diversos estudios, el 20% de los adultos se autoperciben como procrastinadores crónicos, porcentaje que aumenta hasta el 50% en la población estudiantil. A tal punto que muchos trabajos aluden al llamado “síndrome del estudiante”: la tendencia a comenzar las tareas lo más tarde posible, tras desperdiciar mucho tiempo en el comienzo del plazo asignado, y llegar a la fecha límite sometido a elevados niveles de estrés.

        Si bien no es un trastorno, los niveles elevados de procrastinación se asocian con problemas más importantes, como un aumento en el estrés y la ansiedad, bajo rendimiento escolar y laboral y el empeoramiento de algunas enfermedades. Así lo explica, por ejemplo, un artículo publicado en 2013 por investigadores canadienses. De acuerdo con los autores de este trabajo, además, las causas no hay que buscarlas tanto en la pereza o en la mala gestión del tiempo. Al contrario, su origen radica en problemas para la regulación de las emociones. “La procrastinación tiene mucho que ver con la reparación del estado de ánimo en el corto plazo”, explica el texto. Por ello, se trata de un proceso irracional, dado que la prioridad de sentirse bien en el momento presente se impone por sobre las consecuencias negativas que – la propia persona lo sabe – deberá asumir su yo futuro.

        Científicos alemanes, en 2018, descubrieron que el origen de la procrastinación podría hallarse en unas conexiones cerebrales débiles. Tras escanear los cerebros de 264 personas a las que también encuestaron acerca de sus hábitos dilatorios, llegaron a la conclusión de que los procrastinadores tienen más grande la amígdala, una estructura cerebral que procesa las emociones y controla la motivación. Según este trabajo, estas personas tienen mayores dificultades para eludir las emociones y distracciones, y debido a eso posponen su actividad. Todo lo cual viene a corroborar la idea de que no se trata de desgana ni de desorden en el manejo del tiempo: la clave de la procrastinación se halla en el control de las emociones.

(https://www.eldiario.es)
Desde el punto de vista sintáctico, el fragmento “(…) las causas no hay que buscarlas tanto en la pereza o en la mala gestión del tiempo.” (párrafo 3) se caracteriza por contener un ejemplo de
Alternativas
Q3427685 Espanhol
Lea el siguiente texto para responder la cuestione.

        Procrastinar es el hábito de posponer las actividades importantes para dedicar el tiempo a tareas más entretenidas, pero menos relevantes. Hasta no hace muchos años, procrastinación era una palabra que no conocía casi nadie fuera del ámbito de la psicología y otras disciplinas dedicadas a estudiar el comportamiento humano. En los últimos años, sin embargo, se ha difundido a gran velocidad. Tal vez porque la vida moderna, tan cargada de distracciones y estímulos nuevos, nos hace cada vez más procrastinadores.

         Es necesario tener en cuenta que, según diversos estudios, el 20% de los adultos se autoperciben como procrastinadores crónicos, porcentaje que aumenta hasta el 50% en la población estudiantil. A tal punto que muchos trabajos aluden al llamado “síndrome del estudiante”: la tendencia a comenzar las tareas lo más tarde posible, tras desperdiciar mucho tiempo en el comienzo del plazo asignado, y llegar a la fecha límite sometido a elevados niveles de estrés.

        Si bien no es un trastorno, los niveles elevados de procrastinación se asocian con problemas más importantes, como un aumento en el estrés y la ansiedad, bajo rendimiento escolar y laboral y el empeoramiento de algunas enfermedades. Así lo explica, por ejemplo, un artículo publicado en 2013 por investigadores canadienses. De acuerdo con los autores de este trabajo, además, las causas no hay que buscarlas tanto en la pereza o en la mala gestión del tiempo. Al contrario, su origen radica en problemas para la regulación de las emociones. “La procrastinación tiene mucho que ver con la reparación del estado de ánimo en el corto plazo”, explica el texto. Por ello, se trata de un proceso irracional, dado que la prioridad de sentirse bien en el momento presente se impone por sobre las consecuencias negativas que – la propia persona lo sabe – deberá asumir su yo futuro.

        Científicos alemanes, en 2018, descubrieron que el origen de la procrastinación podría hallarse en unas conexiones cerebrales débiles. Tras escanear los cerebros de 264 personas a las que también encuestaron acerca de sus hábitos dilatorios, llegaron a la conclusión de que los procrastinadores tienen más grande la amígdala, una estructura cerebral que procesa las emociones y controla la motivación. Según este trabajo, estas personas tienen mayores dificultades para eludir las emociones y distracciones, y debido a eso posponen su actividad. Todo lo cual viene a corroborar la idea de que no se trata de desgana ni de desorden en el manejo del tiempo: la clave de la procrastinación se halla en el control de las emociones.

(https://www.eldiario.es)
El fragmento en el que es posible encontrar una locución de tipo verbal es
Alternativas
Q3427684 Espanhol
Lea el siguiente texto para responder la cuestione.

        Procrastinar es el hábito de posponer las actividades importantes para dedicar el tiempo a tareas más entretenidas, pero menos relevantes. Hasta no hace muchos años, procrastinación era una palabra que no conocía casi nadie fuera del ámbito de la psicología y otras disciplinas dedicadas a estudiar el comportamiento humano. En los últimos años, sin embargo, se ha difundido a gran velocidad. Tal vez porque la vida moderna, tan cargada de distracciones y estímulos nuevos, nos hace cada vez más procrastinadores.

         Es necesario tener en cuenta que, según diversos estudios, el 20% de los adultos se autoperciben como procrastinadores crónicos, porcentaje que aumenta hasta el 50% en la población estudiantil. A tal punto que muchos trabajos aluden al llamado “síndrome del estudiante”: la tendencia a comenzar las tareas lo más tarde posible, tras desperdiciar mucho tiempo en el comienzo del plazo asignado, y llegar a la fecha límite sometido a elevados niveles de estrés.

        Si bien no es un trastorno, los niveles elevados de procrastinación se asocian con problemas más importantes, como un aumento en el estrés y la ansiedad, bajo rendimiento escolar y laboral y el empeoramiento de algunas enfermedades. Así lo explica, por ejemplo, un artículo publicado en 2013 por investigadores canadienses. De acuerdo con los autores de este trabajo, además, las causas no hay que buscarlas tanto en la pereza o en la mala gestión del tiempo. Al contrario, su origen radica en problemas para la regulación de las emociones. “La procrastinación tiene mucho que ver con la reparación del estado de ánimo en el corto plazo”, explica el texto. Por ello, se trata de un proceso irracional, dado que la prioridad de sentirse bien en el momento presente se impone por sobre las consecuencias negativas que – la propia persona lo sabe – deberá asumir su yo futuro.

        Científicos alemanes, en 2018, descubrieron que el origen de la procrastinación podría hallarse en unas conexiones cerebrales débiles. Tras escanear los cerebros de 264 personas a las que también encuestaron acerca de sus hábitos dilatorios, llegaron a la conclusión de que los procrastinadores tienen más grande la amígdala, una estructura cerebral que procesa las emociones y controla la motivación. Según este trabajo, estas personas tienen mayores dificultades para eludir las emociones y distracciones, y debido a eso posponen su actividad. Todo lo cual viene a corroborar la idea de que no se trata de desgana ni de desorden en el manejo del tiempo: la clave de la procrastinación se halla en el control de las emociones.

(https://www.eldiario.es)
El contenido general del texto responde a la pregunta
Alternativas
Respostas
761: E
762: E
763: B
764: D
765: B
766: C
767: A
768: C
769: E
770: B
771: B
772: D
773: A
774: D
775: C
776: E
777: B
778: B
779: A
780: C