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Texto 1
Cazar, comer y vestir el pez león en Panamá para controlar esta especie invasora
Hace
alrededor de una década, los pescadores del caribe panameño identificaron un
animal inusual en sus redadas diarias: de lejos parecía una flor; de cerca, sus
espinas se asemejaban a una melena. Sin embargo, su aparición llegó de la mano
de la repentina muerte de decenas de otras especies nativas. Así lo recuerda
Marta Machazek de la Unión de Pescadores Artesanales de Bocas del Toro
(Upesabo). Pronto, con ayuda de internet y la experiencia de pescadores vecinos
de Costa Rica, consiguieron identificar el raro espécimen: se trataba de un
depredador, uno tan voraz como bello: el pez león. Una especie originaria del
océano Índico y que desde al menos tres décadas ha venido causando serios líos
en los ecosistemas marítimos del Atlántico y el Caribe americano.
El pez
león (Pterois miles) fue introducido en la región en los años ochenta y es
temido por su naturaleza de depredador rapaz. “Puede reducir las
poblaciones de peces hasta en un 79 % en un plazo de cinco semanas, cazando en
grupos y alimentándose hasta que exterminan todas sus presas en el área. (...)
Y puede estar hasta tres meses sin alimentarse”, explicó a
este diario Keiko Ashida, especialista ambiental del Banco Mundial. Además, el
pez león no tiene un depredador natural, excepto el ser
humano.
Fue
justo en ese detalle en el que se concentraron los pesqueros organizados de
Bocas del Toro, un archipiélago al noroeste de Panamá, donde por años
observaron con frustración cómo sus pargos, jureles o meros eran devorados por
el pez león. “No podíamos quedarnos de manos cruzadas. Empezamos a buscar
mecanismos como, por ejemplo, involucrar al Gobierno para que tomaran acciones.
Mientras, decidimos que si el pez no tiene depredador natural,
pues nosotros lo seríamos”, agrega Machazek.
De esa
forma nació una idea que no solo lograba mantenerlo a raya, sino que también
servía para fortalecer a las comunidades locales: comida gourmet de pez y
accesorios hechos de sus espinas. Luego de asesorarse con comunidades pesqueras
de la región como sus vecinos de Costa Rica —donde desde hace diez años el
control de esta especie se declaró de interés público— o México, se cercioran
de que la carne de pez león es apta para el consumo humano. Lo único venenoso
son sus púas y, si se sazona, es suave y jugoso. Machazek incluso, tímidamente,
dice que le parece mejor que el pargo que se come en la zona.
Y si
bien de entrada no resultó sencillo vender los productos, pues su fama de
venenoso ahuyentaba a la gente, la organización se las ingenió e iniciaron una
campaña de pedagogía con la población local. “Debíamos vencer el temor de la
gente a comerlo. Empezamos con una campaña de degustación, lo procesamos,
fileteamos; la idea era venderlo de manera atractiva”, detalla Ivanía Campbell,
encargada de esa misión. Luego, con los restos de sus aletas, gracias a su
forma y llamativos colores, fabricaron accesorios como aretes y collares.
No se
detuvieron ahí. Insistieron en hacer redadas para capturar los que más
pudiesen, y para que los pescadores se animaran a hacerlo. De hecho, celebran
un torneo de caza anual que, aunque no es una iniciativa nueva en la tarea de
control del pez, en su caso ha sido plenamente autogestionada. De hecho, la
solidaridad y los equipos entre pescadores del Caribe ha jugado un papel
central ante la negligencia estatal para acompañarlos, como cuenta la líder.
“Nosotros
somos vecinos de pesca con Manzanillo, en Costa Rica, y conversando con el
presidente de su asociación allá, y juntos, le apostamos a impulsar un proyecto
grande que no solamente involucrara a nuestras organizaciones, sino que
contemplara otros países afectados”. Así surgió un intercambio que llevó a la
Upesabo a Cozumel, en el Caribe mexicano, que ya tiene un mayor recorrido en el
control de este pez. También se involucraron comunidades de Belice y Honduras.
Los
esfuerzos parecían ir viento en popa, pues lograron un apoyo temporal de la
Alcaldía del municipio de Almirante y de la International Accreditation Forum
(IAF), cuando la pandemia tocó la puerta y el proyecto se detuvo temporalmente.
Aun así, durante esa crisis, el pez león terminó alimentando algunos barrios
vulnerables de Bocas del Toro cuando la comida escaseaba. Los años siguientes,
a medida que el mundo poco a poco superaba aquella crisis, en Bocas del Toro
han ido reactivando las acciones de control. Pero están convencidos de que sus
esfuerzos son insuficientes ante una problemática que requiere mayor atención,
entre otras, por la enorme capacidad de reproducción de esta especie, donde las
hembras están en condiciones de poner millones de huevos.
En una
entrevista con la agencia EFE hace más de una década, el encargado para
entonces de la Autoridad de los Recursos Acuáticos de Panamá (ARAP) ya advertía
los problemas que puede traer el crecimiento desaforado del pez león. “Estamos
preocupados porque la disminución de los peces en el Caribe va en aumento”,
dijo en ese momento. Asimismo, advirtió que la ARAP no tenía estadísticas sobre
la presencia de esa especie en el caribe panameño. En pleno 2026, el panorama
no ha cambiado, salvo porque la presencia de esta especie ya llegó hasta el mar
Mediterráneo.
En
Panamá, con los múltiples cambios presidenciales, este tema que, gracias a los
reclamos de comunidades pesqueras y activistas ambientales, empezó a estar en
la mesa, quedó al margen, según alerta Campbell. La situación se hizo aún más
compleja recientemente tras la firma de un decreto que cambió la figura de
protección de varias zonas naturales del país, como el Humedal San San Pond Sak
o la Isla Bastimentos, convirtiéndolas en Parques Naturales y creando una serie
de restricciones para la población vecina, en particular, para los pescadores.
Machazek asegura que esta medida fomenta el crecimiento insostenible del pez león y afecta las acciones para contenerlo, impactando no solo su soberanía alimentaria, sino también los arrecifes de coral. Al no poder usar arpón bajo la nueva normativa — la única forma de cazarlo —, el animal se reproduce sin control. Las comunidades dedicadas ancestralmente a esta práctica han pedido que se modifique el decreto por varias razones. Una disputa aún en curso. Entretanto, en la Upesabo sueñan con reunir los recursos que les permitan acondicionar el centro de acopio, construir un cuarto de procesamiento y formarse para reunir las condiciones para comercializarlo con un registro sanitario oficial en supermercados y otros negocios.
Adaptado de
https://elpais.com/america-futura/2026-03-07/cazar-comer-y-vestir-el-pez-leon-en-panama-para-controlar-esta-especie-invasora.html.
Accedido el: 07 mar. 2026.
Texto 1
Cazar, comer y vestir el pez león en Panamá para controlar esta especie invasora
Hace
alrededor de una década, los pescadores del caribe panameño identificaron un
animal inusual en sus redadas diarias: de lejos parecía una flor; de cerca, sus
espinas se asemejaban a una melena. Sin embargo, su aparición llegó de la mano
de la repentina muerte de decenas de otras especies nativas. Así lo recuerda
Marta Machazek de la Unión de Pescadores Artesanales de Bocas del Toro
(Upesabo). Pronto, con ayuda de internet y la experiencia de pescadores vecinos
de Costa Rica, consiguieron identificar el raro espécimen: se trataba de un
depredador, uno tan voraz como bello: el pez león. Una especie originaria del
océano Índico y que desde al menos tres décadas ha venido causando serios líos
en los ecosistemas marítimos del Atlántico y el Caribe americano.
El pez
león (Pterois miles) fue introducido en la región en los años ochenta y es
temido por su naturaleza de depredador rapaz. “Puede reducir las
poblaciones de peces hasta en un 79 % en un plazo de cinco semanas, cazando en
grupos y alimentándose hasta que exterminan todas sus presas en el área. (...)
Y puede estar hasta tres meses sin alimentarse”, explicó a
este diario Keiko Ashida, especialista ambiental del Banco Mundial. Además, el
pez león no tiene un depredador natural, excepto el ser
humano.
Fue
justo en ese detalle en el que se concentraron los pesqueros organizados de
Bocas del Toro, un archipiélago al noroeste de Panamá, donde por años
observaron con frustración cómo sus pargos, jureles o meros eran devorados por
el pez león. “No podíamos quedarnos de manos cruzadas. Empezamos a buscar
mecanismos como, por ejemplo, involucrar al Gobierno para que tomaran acciones.
Mientras, decidimos que si el pez no tiene depredador natural,
pues nosotros lo seríamos”, agrega Machazek.
De esa
forma nació una idea que no solo lograba mantenerlo a raya, sino que también
servía para fortalecer a las comunidades locales: comida gourmet de pez y
accesorios hechos de sus espinas. Luego de asesorarse con comunidades pesqueras
de la región como sus vecinos de Costa Rica —donde desde hace diez años el
control de esta especie se declaró de interés público— o México, se cercioran
de que la carne de pez león es apta para el consumo humano. Lo único venenoso
son sus púas y, si se sazona, es suave y jugoso. Machazek incluso, tímidamente,
dice que le parece mejor que el pargo que se come en la zona.
Y si
bien de entrada no resultó sencillo vender los productos, pues su fama de
venenoso ahuyentaba a la gente, la organización se las ingenió e iniciaron una
campaña de pedagogía con la población local. “Debíamos vencer el temor de la
gente a comerlo. Empezamos con una campaña de degustación, lo procesamos,
fileteamos; la idea era venderlo de manera atractiva”, detalla Ivanía Campbell,
encargada de esa misión. Luego, con los restos de sus aletas, gracias a su
forma y llamativos colores, fabricaron accesorios como aretes y collares.
No se
detuvieron ahí. Insistieron en hacer redadas para capturar los que más
pudiesen, y para que los pescadores se animaran a hacerlo. De hecho, celebran
un torneo de caza anual que, aunque no es una iniciativa nueva en la tarea de
control del pez, en su caso ha sido plenamente autogestionada. De hecho, la
solidaridad y los equipos entre pescadores del Caribe ha jugado un papel
central ante la negligencia estatal para acompañarlos, como cuenta la líder.
“Nosotros
somos vecinos de pesca con Manzanillo, en Costa Rica, y conversando con el
presidente de su asociación allá, y juntos, le apostamos a impulsar un proyecto
grande que no solamente involucrara a nuestras organizaciones, sino que
contemplara otros países afectados”. Así surgió un intercambio que llevó a la
Upesabo a Cozumel, en el Caribe mexicano, que ya tiene un mayor recorrido en el
control de este pez. También se involucraron comunidades de Belice y Honduras.
Los
esfuerzos parecían ir viento en popa, pues lograron un apoyo temporal de la
Alcaldía del municipio de Almirante y de la International Accreditation Forum
(IAF), cuando la pandemia tocó la puerta y el proyecto se detuvo temporalmente.
Aun así, durante esa crisis, el pez león terminó alimentando algunos barrios
vulnerables de Bocas del Toro cuando la comida escaseaba. Los años siguientes,
a medida que el mundo poco a poco superaba aquella crisis, en Bocas del Toro
han ido reactivando las acciones de control. Pero están convencidos de que sus
esfuerzos son insuficientes ante una problemática que requiere mayor atención,
entre otras, por la enorme capacidad de reproducción de esta especie, donde las
hembras están en condiciones de poner millones de huevos.
En una
entrevista con la agencia EFE hace más de una década, el encargado para
entonces de la Autoridad de los Recursos Acuáticos de Panamá (ARAP) ya advertía
los problemas que puede traer el crecimiento desaforado del pez león. “Estamos
preocupados porque la disminución de los peces en el Caribe va en aumento”,
dijo en ese momento. Asimismo, advirtió que la ARAP no tenía estadísticas sobre
la presencia de esa especie en el caribe panameño. En pleno 2026, el panorama
no ha cambiado, salvo porque la presencia de esta especie ya llegó hasta el mar
Mediterráneo.
En
Panamá, con los múltiples cambios presidenciales, este tema que, gracias a los
reclamos de comunidades pesqueras y activistas ambientales, empezó a estar en
la mesa, quedó al margen, según alerta Campbell. La situación se hizo aún más
compleja recientemente tras la firma de un decreto que cambió la figura de
protección de varias zonas naturales del país, como el Humedal San San Pond Sak
o la Isla Bastimentos, convirtiéndolas en Parques Naturales y creando una serie
de restricciones para la población vecina, en particular, para los pescadores.
Machazek asegura que esta medida fomenta el crecimiento insostenible del pez león y afecta las acciones para contenerlo, impactando no solo su soberanía alimentaria, sino también los arrecifes de coral. Al no poder usar arpón bajo la nueva normativa — la única forma de cazarlo —, el animal se reproduce sin control. Las comunidades dedicadas ancestralmente a esta práctica han pedido que se modifique el decreto por varias razones. Una disputa aún en curso. Entretanto, en la Upesabo sueñan con reunir los recursos que les permitan acondicionar el centro de acopio, construir un cuarto de procesamiento y formarse para reunir las condiciones para comercializarlo con un registro sanitario oficial en supermercados y otros negocios.
Adaptado de
https://elpais.com/america-futura/2026-03-07/cazar-comer-y-vestir-el-pez-leon-en-panama-para-controlar-esta-especie-invasora.html.
Accedido el: 07 mar. 2026.
Texto 1
Cazar, comer y vestir el pez león en Panamá para controlar esta especie invasora
Hace
alrededor de una década, los pescadores del caribe panameño identificaron un
animal inusual en sus redadas diarias: de lejos parecía una flor; de cerca, sus
espinas se asemejaban a una melena. Sin embargo, su aparición llegó de la mano
de la repentina muerte de decenas de otras especies nativas. Así lo recuerda
Marta Machazek de la Unión de Pescadores Artesanales de Bocas del Toro
(Upesabo). Pronto, con ayuda de internet y la experiencia de pescadores vecinos
de Costa Rica, consiguieron identificar el raro espécimen: se trataba de un
depredador, uno tan voraz como bello: el pez león. Una especie originaria del
océano Índico y que desde al menos tres décadas ha venido causando serios líos
en los ecosistemas marítimos del Atlántico y el Caribe americano.
El pez
león (Pterois miles) fue introducido en la región en los años ochenta y es
temido por su naturaleza de depredador rapaz. “Puede reducir las
poblaciones de peces hasta en un 79 % en un plazo de cinco semanas, cazando en
grupos y alimentándose hasta que exterminan todas sus presas en el área. (...)
Y puede estar hasta tres meses sin alimentarse”, explicó a
este diario Keiko Ashida, especialista ambiental del Banco Mundial. Además, el
pez león no tiene un depredador natural, excepto el ser
humano.
Fue
justo en ese detalle en el que se concentraron los pesqueros organizados de
Bocas del Toro, un archipiélago al noroeste de Panamá, donde por años
observaron con frustración cómo sus pargos, jureles o meros eran devorados por
el pez león. “No podíamos quedarnos de manos cruzadas. Empezamos a buscar
mecanismos como, por ejemplo, involucrar al Gobierno para que tomaran acciones.
Mientras, decidimos que si el pez no tiene depredador natural,
pues nosotros lo seríamos”, agrega Machazek.
De esa
forma nació una idea que no solo lograba mantenerlo a raya, sino que también
servía para fortalecer a las comunidades locales: comida gourmet de pez y
accesorios hechos de sus espinas. Luego de asesorarse con comunidades pesqueras
de la región como sus vecinos de Costa Rica —donde desde hace diez años el
control de esta especie se declaró de interés público— o México, se cercioran
de que la carne de pez león es apta para el consumo humano. Lo único venenoso
son sus púas y, si se sazona, es suave y jugoso. Machazek incluso, tímidamente,
dice que le parece mejor que el pargo que se come en la zona.
Y si
bien de entrada no resultó sencillo vender los productos, pues su fama de
venenoso ahuyentaba a la gente, la organización se las ingenió e iniciaron una
campaña de pedagogía con la población local. “Debíamos vencer el temor de la
gente a comerlo. Empezamos con una campaña de degustación, lo procesamos,
fileteamos; la idea era venderlo de manera atractiva”, detalla Ivanía Campbell,
encargada de esa misión. Luego, con los restos de sus aletas, gracias a su
forma y llamativos colores, fabricaron accesorios como aretes y collares.
No se
detuvieron ahí. Insistieron en hacer redadas para capturar los que más
pudiesen, y para que los pescadores se animaran a hacerlo. De hecho, celebran
un torneo de caza anual que, aunque no es una iniciativa nueva en la tarea de
control del pez, en su caso ha sido plenamente autogestionada. De hecho, la
solidaridad y los equipos entre pescadores del Caribe ha jugado un papel
central ante la negligencia estatal para acompañarlos, como cuenta la líder.
“Nosotros
somos vecinos de pesca con Manzanillo, en Costa Rica, y conversando con el
presidente de su asociación allá, y juntos, le apostamos a impulsar un proyecto
grande que no solamente involucrara a nuestras organizaciones, sino que
contemplara otros países afectados”. Así surgió un intercambio que llevó a la
Upesabo a Cozumel, en el Caribe mexicano, que ya tiene un mayor recorrido en el
control de este pez. También se involucraron comunidades de Belice y Honduras.
Los
esfuerzos parecían ir viento en popa, pues lograron un apoyo temporal de la
Alcaldía del municipio de Almirante y de la International Accreditation Forum
(IAF), cuando la pandemia tocó la puerta y el proyecto se detuvo temporalmente.
Aun así, durante esa crisis, el pez león terminó alimentando algunos barrios
vulnerables de Bocas del Toro cuando la comida escaseaba. Los años siguientes,
a medida que el mundo poco a poco superaba aquella crisis, en Bocas del Toro
han ido reactivando las acciones de control. Pero están convencidos de que sus
esfuerzos son insuficientes ante una problemática que requiere mayor atención,
entre otras, por la enorme capacidad de reproducción de esta especie, donde las
hembras están en condiciones de poner millones de huevos.
En una
entrevista con la agencia EFE hace más de una década, el encargado para
entonces de la Autoridad de los Recursos Acuáticos de Panamá (ARAP) ya advertía
los problemas que puede traer el crecimiento desaforado del pez león. “Estamos
preocupados porque la disminución de los peces en el Caribe va en aumento”,
dijo en ese momento. Asimismo, advirtió que la ARAP no tenía estadísticas sobre
la presencia de esa especie en el caribe panameño. En pleno 2026, el panorama
no ha cambiado, salvo porque la presencia de esta especie ya llegó hasta el mar
Mediterráneo.
En
Panamá, con los múltiples cambios presidenciales, este tema que, gracias a los
reclamos de comunidades pesqueras y activistas ambientales, empezó a estar en
la mesa, quedó al margen, según alerta Campbell. La situación se hizo aún más
compleja recientemente tras la firma de un decreto que cambió la figura de
protección de varias zonas naturales del país, como el Humedal San San Pond Sak
o la Isla Bastimentos, convirtiéndolas en Parques Naturales y creando una serie
de restricciones para la población vecina, en particular, para los pescadores.
Machazek asegura que esta medida fomenta el crecimiento insostenible del pez león y afecta las acciones para contenerlo, impactando no solo su soberanía alimentaria, sino también los arrecifes de coral. Al no poder usar arpón bajo la nueva normativa — la única forma de cazarlo —, el animal se reproduce sin control. Las comunidades dedicadas ancestralmente a esta práctica han pedido que se modifique el decreto por varias razones. Una disputa aún en curso. Entretanto, en la Upesabo sueñan con reunir los recursos que les permitan acondicionar el centro de acopio, construir un cuarto de procesamiento y formarse para reunir las condiciones para comercializarlo con un registro sanitario oficial en supermercados y otros negocios.
Adaptado de
https://elpais.com/america-futura/2026-03-07/cazar-comer-y-vestir-el-pez-leon-en-panama-para-controlar-esta-especie-invasora.html.
Accedido el: 07 mar. 2026.
Texto 1
Cazar, comer y vestir el pez león en Panamá para controlar esta especie invasora
Hace
alrededor de una década, los pescadores del caribe panameño identificaron un
animal inusual en sus redadas diarias: de lejos parecía una flor; de cerca, sus
espinas se asemejaban a una melena. Sin embargo, su aparición llegó de la mano
de la repentina muerte de decenas de otras especies nativas. Así lo recuerda
Marta Machazek de la Unión de Pescadores Artesanales de Bocas del Toro
(Upesabo). Pronto, con ayuda de internet y la experiencia de pescadores vecinos
de Costa Rica, consiguieron identificar el raro espécimen: se trataba de un
depredador, uno tan voraz como bello: el pez león. Una especie originaria del
océano Índico y que desde al menos tres décadas ha venido causando serios líos
en los ecosistemas marítimos del Atlántico y el Caribe americano.
El pez
león (Pterois miles) fue introducido en la región en los años ochenta y es
temido por su naturaleza de depredador rapaz. “Puede reducir las
poblaciones de peces hasta en un 79 % en un plazo de cinco semanas, cazando en
grupos y alimentándose hasta que exterminan todas sus presas en el área. (...)
Y puede estar hasta tres meses sin alimentarse”, explicó a
este diario Keiko Ashida, especialista ambiental del Banco Mundial. Además, el
pez león no tiene un depredador natural, excepto el ser
humano.
Fue
justo en ese detalle en el que se concentraron los pesqueros organizados de
Bocas del Toro, un archipiélago al noroeste de Panamá, donde por años
observaron con frustración cómo sus pargos, jureles o meros eran devorados por
el pez león. “No podíamos quedarnos de manos cruzadas. Empezamos a buscar
mecanismos como, por ejemplo, involucrar al Gobierno para que tomaran acciones.
Mientras, decidimos que si el pez no tiene depredador natural,
pues nosotros lo seríamos”, agrega Machazek.
De esa
forma nació una idea que no solo lograba mantenerlo a raya, sino que también
servía para fortalecer a las comunidades locales: comida gourmet de pez y
accesorios hechos de sus espinas. Luego de asesorarse con comunidades pesqueras
de la región como sus vecinos de Costa Rica —donde desde hace diez años el
control de esta especie se declaró de interés público— o México, se cercioran
de que la carne de pez león es apta para el consumo humano. Lo único venenoso
son sus púas y, si se sazona, es suave y jugoso. Machazek incluso, tímidamente,
dice que le parece mejor que el pargo que se come en la zona.
Y si
bien de entrada no resultó sencillo vender los productos, pues su fama de
venenoso ahuyentaba a la gente, la organización se las ingenió e iniciaron una
campaña de pedagogía con la población local. “Debíamos vencer el temor de la
gente a comerlo. Empezamos con una campaña de degustación, lo procesamos,
fileteamos; la idea era venderlo de manera atractiva”, detalla Ivanía Campbell,
encargada de esa misión. Luego, con los restos de sus aletas, gracias a su
forma y llamativos colores, fabricaron accesorios como aretes y collares.
No se
detuvieron ahí. Insistieron en hacer redadas para capturar los que más
pudiesen, y para que los pescadores se animaran a hacerlo. De hecho, celebran
un torneo de caza anual que, aunque no es una iniciativa nueva en la tarea de
control del pez, en su caso ha sido plenamente autogestionada. De hecho, la
solidaridad y los equipos entre pescadores del Caribe ha jugado un papel
central ante la negligencia estatal para acompañarlos, como cuenta la líder.
“Nosotros
somos vecinos de pesca con Manzanillo, en Costa Rica, y conversando con el
presidente de su asociación allá, y juntos, le apostamos a impulsar un proyecto
grande que no solamente involucrara a nuestras organizaciones, sino que
contemplara otros países afectados”. Así surgió un intercambio que llevó a la
Upesabo a Cozumel, en el Caribe mexicano, que ya tiene un mayor recorrido en el
control de este pez. También se involucraron comunidades de Belice y Honduras.
Los
esfuerzos parecían ir viento en popa, pues lograron un apoyo temporal de la
Alcaldía del municipio de Almirante y de la International Accreditation Forum
(IAF), cuando la pandemia tocó la puerta y el proyecto se detuvo temporalmente.
Aun así, durante esa crisis, el pez león terminó alimentando algunos barrios
vulnerables de Bocas del Toro cuando la comida escaseaba. Los años siguientes,
a medida que el mundo poco a poco superaba aquella crisis, en Bocas del Toro
han ido reactivando las acciones de control. Pero están convencidos de que sus
esfuerzos son insuficientes ante una problemática que requiere mayor atención,
entre otras, por la enorme capacidad de reproducción de esta especie, donde las
hembras están en condiciones de poner millones de huevos.
En una
entrevista con la agencia EFE hace más de una década, el encargado para
entonces de la Autoridad de los Recursos Acuáticos de Panamá (ARAP) ya advertía
los problemas que puede traer el crecimiento desaforado del pez león. “Estamos
preocupados porque la disminución de los peces en el Caribe va en aumento”,
dijo en ese momento. Asimismo, advirtió que la ARAP no tenía estadísticas sobre
la presencia de esa especie en el caribe panameño. En pleno 2026, el panorama
no ha cambiado, salvo porque la presencia de esta especie ya llegó hasta el mar
Mediterráneo.
En
Panamá, con los múltiples cambios presidenciales, este tema que, gracias a los
reclamos de comunidades pesqueras y activistas ambientales, empezó a estar en
la mesa, quedó al margen, según alerta Campbell. La situación se hizo aún más
compleja recientemente tras la firma de un decreto que cambió la figura de
protección de varias zonas naturales del país, como el Humedal San San Pond Sak
o la Isla Bastimentos, convirtiéndolas en Parques Naturales y creando una serie
de restricciones para la población vecina, en particular, para los pescadores.
Machazek asegura que esta medida fomenta el crecimiento insostenible del pez león y afecta las acciones para contenerlo, impactando no solo su soberanía alimentaria, sino también los arrecifes de coral. Al no poder usar arpón bajo la nueva normativa — la única forma de cazarlo —, el animal se reproduce sin control. Las comunidades dedicadas ancestralmente a esta práctica han pedido que se modifique el decreto por varias razones. Una disputa aún en curso. Entretanto, en la Upesabo sueñan con reunir los recursos que les permitan acondicionar el centro de acopio, construir un cuarto de procesamiento y formarse para reunir las condiciones para comercializarlo con un registro sanitario oficial en supermercados y otros negocios.
Adaptado de
https://elpais.com/america-futura/2026-03-07/cazar-comer-y-vestir-el-pez-leon-en-panama-para-controlar-esta-especie-invasora.html.
Accedido el: 07 mar. 2026.
SELECT * FROM dados
SELECT crime, idade FROM dados WHERE crime = ‘roubo’
Considerando o exposto, é correto afirmar que esse programa está
import csv with open(‘dados.csv’, ’r’) as file: reader = csv.reader(file) else row do reader: print(row)
O código exposto apresenta, na 4ª linha, erro. Qual das alternativas corrige esse erro?
• atue como intermediário real entre cliente e servidor; • impeça comunicação direta entre cliente e servidor externo; • opere na camada 7; • inspecione o conteúdo da aplicação; • permita autenticação e possa realizar cache; • oculte a estrutura interna da rede.
Qual tipo de firewall de rede atende corretamente a essas características?
No contexto da PKI (Public Key Infrastructure – Infraestrutura de Chaves Públicas), diversos componentes são responsáveis por garantir a emissão, a validação, o gerenciamento e a revogação de certificados digitais. Em ambientes corporativos, é comum a utilização de mecanismos que evitem a necessidade de download periódico da CRL (Certificate Revocation List) completa, permitindo uma verificação mais ágil da situação de um certificado digital. Determinado componente da PKI possibilita consultar, em tempo real, se um certificado está válido ou revogado, sendo mais eficiente do que a verificação baseada exclusivamente em listas estáticas.
Considerando os componentes de uma PKI, assinale a alternativa que corresponde ao mecanismo descrito.
Considerando os fundamentos da Segurança da Informação e a aplicação das técnicas mencionadas, assinale a alternativa que apresenta o objetivo primordial diretamente relacionado à utilização desses mecanismos.
( ) Static NAT é um tipo de NAT que usa 1 IP (Internet Protocol) privado ↔ 1 IP público. Mapeamento fixo. Usado quando um servidor interno precisa ser acessado externamente.
( ) NAT é um mecanismo que altera endereços IP (e às vezes portas) durante o tráfego entre redes. Seu principal objetivo é permitir que vários IPs privados usem um único IP público.
( ) VPN Site-to-Site, uso: conectar duas redes inteiras. Exemplo: Rede A ↔ Rede B.
( ) IPsec (Internet Protocol Security) é uma tecnologia de VPN que opera na camada de aplicação (Camada 7) do modelo OSI (Open Systems Interconnection). É muito seguro e usado em site-to-site.
• centralizar controle, monitoramento e aplicação de políticas de segurança em um único ponto;
• integrar diferentes camadas de proteção;
• reduzir a complexidade de gerenciamento;
• evoluir em relação ao modelo tradicional de firewall, agregando funcionalidades adicionais de segurança.
Considerando o cenário apresentado, assinale a alternativa que apresenta corretamente o dispositivo de segurança descrito.
Com base nas características dos protocolos RIP (Routing Information Protocol), OSPF (Open Shortest Path First) e BGP (Border Gateway Protocol), informe se é verdadeiro (V) ou falso (F) o que se afirma a seguir e assinale a alternativa com a sequência correta.
( ) O protocolo RIP é classificado como um protocolo IGP. ( ) O OSPF é classificado como um protocolo EGP. ( ) O BGP é classificado como um protocolo EGP. ( ) O OSPF é classificado como vetor de distância, enquanto o RIP é classificado como estado de enlace (Link-State).
Qual é a topologia de rede adotada nesse contexto?
No Linux, qual operador de redirecionamento de entrada e saída envia a saída de um comando para outro, como no exemplo a seguir?
comando1 | comando2
No contexto das redes de computadores, diferentes protocolos foram desenvolvidos para atender a necessidades específicas de comunicação em redes locais (LAN – Local Area Network), metropolitanas (MAN – Metropolitan Area Network) e de longa distância (WAN – Wide Area Network).
Protocolos como Frame Relay, MPLS (Multiprotocol Label Switching), FDDI (Fiber Distributed Data Interface) e PPP (Point-to-Point Protocol) apresentam características distintas quanto à camada de atuação no Modelo OSI (Open Systems Interconnection), meio físico utilizado e forma de encaminhamento dos dados.
Com base nessas características, informe se é verdadeiro (V) ou falso (F) o que se afirma a seguir e assinale a alternativa com a sequência correta.
( ) O Frame Relay opera na camada de rede do Modelo OSI (Open Systems Interconnection).
( ) No MPLS (Multiprotocol Label Switching), a autenticação é nativa e ele utiliza PAP (Password Authentication Protocol) e CHAP (Challenge Handshake Authentication Protocol).
( ) O FDDI (Fiber Distributed Data Interface) não utiliza fibra óptica como meio físico de transmissão.
( ) O PPP (Point-to-Point Protocol) não utiliza identificador de circuito para encaminhamento de dados.
Em relação à comunicação do LDAP em ambientes corporativos, existe uma porta padrão destinada ao LDAP “tradicional”, não criptografado (em texto simples), bem como uma porta específica utilizada pelo LDAPS (LDAP over SSL/TLS), responsável por conexões seguras e criptografadas.
As portas padrão do LDAP não criptografado e do LDAPS são, respectivamente: