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“La memoria vegetal” es el concepto que acuñó Umberto Eco respecto de esa porción, podría decirse material, de la memoria cifrada en los libros, cuyo hábitat natural son las bibliotecas, tanto las públicas como las personales. Según Eco, la cuestión de la memoria, que tantos interrogantes plantea en esta era de virtualidades y nubes, fue adelantada por Isaac Asimov en su relato futurista “La sensación de poder”, en el que un fallo general informático obliga a recurrir a la única persona en el mundo que aún es capaz de hacer operaciones matemáticas “de cabeza”. El documental Umberto Eco: La biblioteca del mundo (2022), que estrenó en España el Atlántida Film Fest y que ahora puede verse en Filmin, tiene como asunto central ese vínculo entre literatura y memoria, que toma cuerpo en las estanterías de su famosa colección.
No se dice en el documental, pero es sabido que Eco se enorgullecía de no haber leído la mayoría de esos 30000 volúmenes y pico. Más que la acumulación, su pasión era la infinidad de posibilidades de conocer lo que no conocía. Esa ignorancia que crece conforme leemos, como buen amante de la paradoja, fascinaba al enorme pensador, narrador y creador de una suerte de antibiblioteca o bien, como él mismo la definía, una “biblioteca semiológica, curiosa, lunática, mágica y neumática”. Eco defendía que las bibliotecas debían estar vivas, no solo porque uno las recorra y las repiense como él hacía, sino porque sean compartidas (como él hacía); cuestión que, a su juicio, diferencia a un bibliómano de un bibliófilo. Él, por descontado, se halló siempre en esa segunda categoría, y de ahí que en este documental admita que “sentimentalmente, el libro es insustituible” en su versión impresa frente a la electrónica o la memoria de silicio, que tiende cada vez a ser menos necesaria. Al creer que hemos conquistado una memoria inmensa, la hemos perdido por su inabarcabilidad, concluye, apelando a una imprescindible tarea de filtrado con su habitual lucidez: “Este mundo está sobrecargado de mensajes que no dicen nada”. Pero la literatura es otra cosa.
(https://www.revistamercurio.es. Adaptado)
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“La memoria vegetal” es el concepto que acuñó Umberto Eco respecto de esa porción, podría decirse material, de la memoria cifrada en los libros, cuyo hábitat natural son las bibliotecas, tanto las públicas como las personales. Según Eco, la cuestión de la memoria, que tantos interrogantes plantea en esta era de virtualidades y nubes, fue adelantada por Isaac Asimov en su relato futurista “La sensación de poder”, en el que un fallo general informático obliga a recurrir a la única persona en el mundo que aún es capaz de hacer operaciones matemáticas “de cabeza”. El documental Umberto Eco: La biblioteca del mundo (2022), que estrenó en España el Atlántida Film Fest y que ahora puede verse en Filmin, tiene como asunto central ese vínculo entre literatura y memoria, que toma cuerpo en las estanterías de su famosa colección.
No se dice en el documental, pero es sabido que Eco se enorgullecía de no haber leído la mayoría de esos 30000 volúmenes y pico. Más que la acumulación, su pasión era la infinidad de posibilidades de conocer lo que no conocía. Esa ignorancia que crece conforme leemos, como buen amante de la paradoja, fascinaba al enorme pensador, narrador y creador de una suerte de antibiblioteca o bien, como él mismo la definía, una “biblioteca semiológica, curiosa, lunática, mágica y neumática”. Eco defendía que las bibliotecas debían estar vivas, no solo porque uno las recorra y las repiense como él hacía, sino porque sean compartidas (como él hacía); cuestión que, a su juicio, diferencia a un bibliómano de un bibliófilo. Él, por descontado, se halló siempre en esa segunda categoría, y de ahí que en este documental admita que “sentimentalmente, el libro es insustituible” en su versión impresa frente a la electrónica o la memoria de silicio, que tiende cada vez a ser menos necesaria. Al creer que hemos conquistado una memoria inmensa, la hemos perdido por su inabarcabilidad, concluye, apelando a una imprescindible tarea de filtrado con su habitual lucidez: “Este mundo está sobrecargado de mensajes que no dicen nada”. Pero la literatura es otra cosa.
(https://www.revistamercurio.es. Adaptado)
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“La memoria vegetal” es el concepto que acuñó Umberto Eco respecto de esa porción, podría decirse material, de la memoria cifrada en los libros, cuyo hábitat natural son las bibliotecas, tanto las públicas como las personales. Según Eco, la cuestión de la memoria, que tantos interrogantes plantea en esta era de virtualidades y nubes, fue adelantada por Isaac Asimov en su relato futurista “La sensación de poder”, en el que un fallo general informático obliga a recurrir a la única persona en el mundo que aún es capaz de hacer operaciones matemáticas “de cabeza”. El documental Umberto Eco: La biblioteca del mundo (2022), que estrenó en España el Atlántida Film Fest y que ahora puede verse en Filmin, tiene como asunto central ese vínculo entre literatura y memoria, que toma cuerpo en las estanterías de su famosa colección.
No se dice en el documental, pero es sabido que Eco se enorgullecía de no haber leído la mayoría de esos 30000 volúmenes y pico. Más que la acumulación, su pasión era la infinidad de posibilidades de conocer lo que no conocía. Esa ignorancia que crece conforme leemos, como buen amante de la paradoja, fascinaba al enorme pensador, narrador y creador de una suerte de antibiblioteca o bien, como él mismo la definía, una “biblioteca semiológica, curiosa, lunática, mágica y neumática”. Eco defendía que las bibliotecas debían estar vivas, no solo porque uno las recorra y las repiense como él hacía, sino porque sean compartidas (como él hacía); cuestión que, a su juicio, diferencia a un bibliómano de un bibliófilo. Él, por descontado, se halló siempre en esa segunda categoría, y de ahí que en este documental admita que “sentimentalmente, el libro es insustituible” en su versión impresa frente a la electrónica o la memoria de silicio, que tiende cada vez a ser menos necesaria. Al creer que hemos conquistado una memoria inmensa, la hemos perdido por su inabarcabilidad, concluye, apelando a una imprescindible tarea de filtrado con su habitual lucidez: “Este mundo está sobrecargado de mensajes que no dicen nada”. Pero la literatura es otra cosa.
(https://www.revistamercurio.es. Adaptado)
(Koudela, 2015. Adaptado)
Pensar o corpo em suas qualidades de corpo que se move e que engloba também impulsos, sentimentos e pensamentos, é denominado
A pesquisa e denominação foi elaborada por
Essa proposta foi desenvolvida por
Assinale a alternativa que apresenta uma dessas áreas que compõe a Coreologia.
Segundo Koudela (2015), são os pontos de vista, a partir de Mary Overlie:
Segundo Almeida, a autoria da abordagem é de
Aquele que é apresentado como “para conhecer arte e cultura é preciso buscar conhecimentos e informações no estudo dos campos de saberes estéticos e culturais, embasando nosso pensamento sobre seu sistema simbólico ou social, oferecendo outras referências para nossa atuação como intérpretes da cultura”, é o denominado
Trata-se de
(Almeida, 2011)
Trata-se da abordagem de ensino musical de