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Q4118096 Espanhol
Texto 4


Tiempos Compuestos Relativos


       Se orientan desde un punto temporal a su vez orientado en relación con el acto de habla. Son los siguientes:

      (a) El pretérito pluscuamperfecto (había cantado). Designa una situación anterior al momento del habla, la cual, a su vez, es anterior a otra también pasada: Vi que alguien había cerrado la puerta (es decir, «cierre < visión < momento del habla», donde “<” expresa la relación de anterioridad). (b) El futuro compuesto (habré cantado) y el condicional compuesto (habría cantado) comparten la propiedad de denotar una acción futura anterior a otra también futura. Si la acción denotada es futura respecto del momento del habla, se usa el futuro compuesto: Cuando llegue, habrán salido (es decir, «salida < llegada; llegada > momento del habla», donde “>” expresa posterioridad); si lo es, en cambio, respecto de una acción pretérita, se emplea el condicional compuesto: Dijo que, cuando llegara, habrían salido (es decir, «salida < llegada; llegada > comunicación; comunicación < momento del habla»).


REAL ACADEMIA ESPAÑOLA Y ASOCIACIÓN DE ACADEMIAS DE LA
LENGUA ESPAÑOLA. Nueva gramática básica de la lengua española.
Disponível em: https://www.rae.es/gramática-básica/el-verbo/tiempos-verbalesdel-modo-indicativo/tiempos-compuestos-relativos. Acesso em: 20 dez. 2025.
[Adaptado].
O pretérito mais-que-perfeito da língua castelhana, de acordo com o que é enunciado no segundo parágrafo, permite expressar
Alternativas
Q4118095 Espanhol
Texto 4


Tiempos Compuestos Relativos


       Se orientan desde un punto temporal a su vez orientado en relación con el acto de habla. Son los siguientes:

      (a) El pretérito pluscuamperfecto (había cantado). Designa una situación anterior al momento del habla, la cual, a su vez, es anterior a otra también pasada: Vi que alguien había cerrado la puerta (es decir, «cierre < visión < momento del habla», donde “<” expresa la relación de anterioridad). (b) El futuro compuesto (habré cantado) y el condicional compuesto (habría cantado) comparten la propiedad de denotar una acción futura anterior a otra también futura. Si la acción denotada es futura respecto del momento del habla, se usa el futuro compuesto: Cuando llegue, habrán salido (es decir, «salida < llegada; llegada > momento del habla», donde “>” expresa posterioridad); si lo es, en cambio, respecto de una acción pretérita, se emplea el condicional compuesto: Dijo que, cuando llegara, habrían salido (es decir, «salida < llegada; llegada > comunicación; comunicación < momento del habla»).


REAL ACADEMIA ESPAÑOLA Y ASOCIACIÓN DE ACADEMIAS DE LA
LENGUA ESPAÑOLA. Nueva gramática básica de la lengua española.
Disponível em: https://www.rae.es/gramática-básica/el-verbo/tiempos-verbalesdel-modo-indicativo/tiempos-compuestos-relativos. Acesso em: 20 dez. 2025.
[Adaptado].
Na apresentação dos tempos compostos, no início do texto, a categoria verbal apontada é
Alternativas
Q4089592 Espanhol
En el Texto 4, la tira cómica, aparece el sustantivo masculino “demonio”. Elija la forma femenina de este sustantivo.
Alternativas
Q4089591 Espanhol
En la tira cómica, hay un término que también es adjetivo y, al usarse como tal con ciertos sustantivos, pierde su última sílaba, un fenómeno lingüístico llamado apócope. Identifica este término.
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Q4089589 Espanhol

“CALISTO – Señora, Sosia es aquel que da voces. Déjame ir a valerle, no le maten, que no está sino un pajecico con él. Dame presto mi capa, que está debajo de ti”.


Texto adaptado de ROJAS, Fernando de. Tragicomedia de Calisto y Melibea.


Los verbos subrayados se conjugan en segunda persona del imperativo. Al cambiarlos a segunda y tercera persona del plural, respectivamente, ¿qué forma adquieren?

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Q4089587 Espanhol
En el extracto “la causa de que le faltaran armas defensivas para resistir sus fuegos” el término “le” pertenece a qué clase gramatical?
Alternativas
Q4089586 Espanhol
“Querer”, “empezar”, “perder” y “volver” son verbos en español. ¿Cómo se conjugan en la segunda persona del plural del presente de indicativo?
Alternativas
Q4089585 Espanhol
Elige la opción con los artículos adecuados en relación al género y número de los siguientes sustantivos: viaje, sangre, licuadora, desorden y legumbre.
Alternativas
Q4089584 Espanhol
Elija la opción que describa exactamente y en detalle lo que sucedió que llevó a la muerte de Calisto.
Alternativas
Q4089583 Espanhol
“La Celestina” es una de las obras en español más reconocidas internacionalmente y se sitúa en el siglo XV, período reconocido como la transición al Renacimiento. ¿Por qué “La Celestinha” alcanzó tal reconocimiento?
Alternativas
Q4089581 Espanhol
En “y así, con estos tan agradables pensamientos, llevado del extraño gusto que en ellos sentía, se dio priesa a poner en efeto lo que deseaba”, ¿a qué clase gramatical “lo” pertenece? 
Alternativas
Q4089580 Espanhol

Texto 3


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El modo imperativo es una forma verbal utilizada para advertir, solicitar, amenazar, pedir favores, dar órdenes y consejos a otra persona de quien depende la realización o incumplimiento de la acción.


Indica cuáles verbos, según el contexto y uso en la tira cómica, están conjugados en modo imperativo.

Alternativas
Q4089579 Espanhol
“El libro lo prestamos a la alumna”. El mismo uso de lo(s) se verifica en el excerto del libro:
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Q4089578 Espanhol

“En un lugar de la Mancha, de cuyo nombre no quiero acordarme, no ha mucho tiempo que vivía un hidalgo de los de lanza en astillero, adarga antigua, rocín flaco y galgo corredor… Frisaba la edad de nuestro hidalgo con los cincuenta años; era de complexión recia, seco de carnes, enjuto de rostro, gran madrugador y amigo de la caza.”.


Adaptado de: CERVANTES SAAVEDRA, Miguel de. Don Quijote de la Mancha. Madrid: Real Academia Española, 2004.


En el fragmento anterior, se describe a Don Quijote. Las expresiones “seco de carne” y “enjuto de rostro” podrían ser sustituidas por uno adjetivo solamente. ¿Cuál?

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Q4089577 Espanhol
Don Quijote es conocido popularmente por ser un personaje de imaginación idealista. Su excesiva imaginación lo lleva a un estado delirante. ¿En qué pasaje de la siguiente lista se puede identificar esto? 
Alternativas
Q4089576 Espanhol
Lo normal en el léxico de una lengua es que cada palabra tenga una sola acentuación prosódica, es decir, que se pronuncie acentuando siempre la misma sílaba. No obstante, existe un reducido número de palabras que presentan más de una acentuación prosódica, es decir, que pueden pronunciarse hoy de varias formas, sin dejar de ser la misma palabra, esto es, sin que ese cambio en la sílaba sobre la que recae el acento lleve asociado ningún cambio en el valor semántico o referencial del término. Un ejemplo de una palabra que presenta más de una acentuación prosódica es 
Alternativas
Q4089575 Espanhol
La palabra acento es polisémica: se emplea comúnmente para hacer referencia tanto al rasgo prosódico de carácter fónico como al signo gráfico con el que se refleja dicho rasgo en la escritura. Un ejemplo de una palabra con acento prosódico en la parte subrayada, pero no gráfico, es el término
Alternativas
Q4089574 Espanhol

El sistema de acentuación gráfica en español está constituido por un signo diacrítico, denominado específicamente tilde o, también, acento gráfico u ortográfico. La tilde o acento gráfico consiste, en español, en una rayita oblicua que desciende de derecha a izquierda (‘) y que, colocada sobre una vocal, indica que la sílaba de la que dicha vocal forma parte es tónica: coliBRÍ, ÁRbol, CÓlera.


Considerando esta definición ¿cuál de las siguientes palabras lleva tilde en español?

Alternativas
Q4089573 Espanhol

Texto 2


Continuidad de los parques

Julio Cortázar


    Había empezado a leer la novela unos días antes. La abandonó por negocios urgentes, volvió a abrirla cuando regresaba en tren a la finca; se dejaba interesar lentamente por la trama, por el dibujo de los personajes. Esa tarde, después de escribir una carta a su apoderado y discutir con el mayordomo una cuestión de aparcerías, volvió al libro en la tranquilidad del estudio que miraba hacia el parque de los robles. Arrellanado en su sillón favorito, de espaldas a la puerta que lo hubiera molestado como una irritante posibilidad de intrusiones, dejó que su mano izquierda acariciara una y otra vez el terciopelo verde y se puso a leer los últimos capítulos. Su memoria retenía sin esfuerzo los nombres y las imágenes de los protagonistas; la ilusión novelesca lo ganó casi en seguida. Gozaba del placer casi perverso de irse desgajando línea a línea de lo que lo rodeaba, y sentir a la vez que su cabeza descansaba cómodamente en el terciopelo del alto respaldo, que los cigarrillos seguían al alcance de la mano, que más allá de los ventanales danzaba el aire del atardecer bajo los robles. Palabra a palabra, absorbido por la sórdida disyuntiva de los héroes, dejándose ir hacia las imágenes que se concertaban y adquirían color y movimiento, fue testigo del último encuentro en la cabaña del monte. Primero entraba la mujer, recelosa; ahora llegaba el amante, lastimada la cara por el chicotazo de una rama. Admirablemente restañaba ella la sangre con sus besos, pero él rechazaba las caricias, no había venido para repetir las ceremonias de una pasión secreta, protegida por un mundo de hojas secas y senderos furtivos.


    El puñal se entibiaba contra su pecho, y debajo latía la libertad agazapada. Un diálogo anhelante corría por las páginas como un arroyo de serpientes, y se sentía que todo estaba decidido desde siempre. Hasta esas caricias que enredaban el cuerpo del amante como queriendo retenerlo y disuadirlo, dibujaban abominablemente la figura de otro cuerpo que era necesario destruir. Nada había sido olvidado: coartadas, azares, posibles errores. A partir de esa hora cada instante tenía su empleo minuciosamente atribuido. El doble repaso despiadado se interrumpía apenas para que una mano acariciara una mejilla. Empezaba a anochecer. Sin mirarse ya, atados rígidamente a la tarea que los esperaba, se separaron en la puerta de la cabaña. Ella debía seguir por la senda que iba al norte. Desde la senda opuesta él se volvió un instante para verla correr con el pelo suelto. Corrió a su vez, parapetándose en los árboles y los setos, hasta distinguir en la bruma malva del crepúsculo la alameda que llevaba a la casa. Los perros no debían ladrar, y no ladraron. El mayordomo no estaría a esa hora, y no estaba. Subió los tres peldaños del porche y entró. Desde la sangre galopando en sus oídos le llegaban las palabras de la mujer: primero una sala azul, después una galería, una escalera alfombrada. En lo alto, dos puertas.


    Nadie en la primera habitación, nadie en la segunda. La puerta del salón, y entonces el puñal en la mano, la luz de los ventanales, el alto respaldo de un sillón de terciopelo verde, la cabeza del hombre en el sillón leyendo una novela.


Fuente: Final de juego, Julio Cortázar, 1956. 1996 Alfaguara.

En el primer párrafo, en el fragmento “volvió a abrirla”, ¿a qué término se refiere el pronombre complemento “la”?
Alternativas
Q4089572 Espanhol

Texto 2


Continuidad de los parques

Julio Cortázar


    Había empezado a leer la novela unos días antes. La abandonó por negocios urgentes, volvió a abrirla cuando regresaba en tren a la finca; se dejaba interesar lentamente por la trama, por el dibujo de los personajes. Esa tarde, después de escribir una carta a su apoderado y discutir con el mayordomo una cuestión de aparcerías, volvió al libro en la tranquilidad del estudio que miraba hacia el parque de los robles. Arrellanado en su sillón favorito, de espaldas a la puerta que lo hubiera molestado como una irritante posibilidad de intrusiones, dejó que su mano izquierda acariciara una y otra vez el terciopelo verde y se puso a leer los últimos capítulos. Su memoria retenía sin esfuerzo los nombres y las imágenes de los protagonistas; la ilusión novelesca lo ganó casi en seguida. Gozaba del placer casi perverso de irse desgajando línea a línea de lo que lo rodeaba, y sentir a la vez que su cabeza descansaba cómodamente en el terciopelo del alto respaldo, que los cigarrillos seguían al alcance de la mano, que más allá de los ventanales danzaba el aire del atardecer bajo los robles. Palabra a palabra, absorbido por la sórdida disyuntiva de los héroes, dejándose ir hacia las imágenes que se concertaban y adquirían color y movimiento, fue testigo del último encuentro en la cabaña del monte. Primero entraba la mujer, recelosa; ahora llegaba el amante, lastimada la cara por el chicotazo de una rama. Admirablemente restañaba ella la sangre con sus besos, pero él rechazaba las caricias, no había venido para repetir las ceremonias de una pasión secreta, protegida por un mundo de hojas secas y senderos furtivos.


    El puñal se entibiaba contra su pecho, y debajo latía la libertad agazapada. Un diálogo anhelante corría por las páginas como un arroyo de serpientes, y se sentía que todo estaba decidido desde siempre. Hasta esas caricias que enredaban el cuerpo del amante como queriendo retenerlo y disuadirlo, dibujaban abominablemente la figura de otro cuerpo que era necesario destruir. Nada había sido olvidado: coartadas, azares, posibles errores. A partir de esa hora cada instante tenía su empleo minuciosamente atribuido. El doble repaso despiadado se interrumpía apenas para que una mano acariciara una mejilla. Empezaba a anochecer. Sin mirarse ya, atados rígidamente a la tarea que los esperaba, se separaron en la puerta de la cabaña. Ella debía seguir por la senda que iba al norte. Desde la senda opuesta él se volvió un instante para verla correr con el pelo suelto. Corrió a su vez, parapetándose en los árboles y los setos, hasta distinguir en la bruma malva del crepúsculo la alameda que llevaba a la casa. Los perros no debían ladrar, y no ladraron. El mayordomo no estaría a esa hora, y no estaba. Subió los tres peldaños del porche y entró. Desde la sangre galopando en sus oídos le llegaban las palabras de la mujer: primero una sala azul, después una galería, una escalera alfombrada. En lo alto, dos puertas.


    Nadie en la primera habitación, nadie en la segunda. La puerta del salón, y entonces el puñal en la mano, la luz de los ventanales, el alto respaldo de un sillón de terciopelo verde, la cabeza del hombre en el sillón leyendo una novela.


Fuente: Final de juego, Julio Cortázar, 1956. 1996 Alfaguara.

Indica en cuál de los siguientes fragmentos hay un ejemplo de un verbo conjugado en pretérito perfecto.
Alternativas
Respostas
41: A
42: C
43: E
44: B
45: E
46: C
47: D
48: E
49: A
50: A
51: B
52: D
53: B
54: A
55: E
56: D
57: A
58: C
59: C
60: A